jueves, diciembre 24, 2009

Los Ministros


En épocas navideñas se ponen de moda ‘los petardos’, pero la verdad es que en los últimos siete años estos han sonado de manera estruendosa desde el gabinete presidencial. Siempre he creído que los ministros de Uribe son una manada de torpes e incompetentes, ¿por qué los mantiene ahí? Quizás Uribe es más torpe que ellos, aunque no creo. Tal vez ellos son los voceros de las paparruchadas que Uribe no puede decir para mantener su figura de estadista y hombre prudente. Desde los tiempos de Fernando Londoño hasta la última de las grandes contrataciones, Gabriel Silva, que empieza a hacer carrera por ser el ministro chistoso del gabinete. Ya mandó al presidente de España a arreglar zapatos y su última perla fue decir que el avión espía que aparentemente voló suelo venezolano era “el trineo de papá Noel”. Pero no olvidemos a Arias, el de los “robos seguros”, que tuvo la insensatez de sugerir que Nohemí Sanín debe ir a la cárcel por sus actuaciones el día de la toma del Palacio de Justicia en 1984, en un acto de oportunismo de Arias que repugna pero que es típico en él. Recordemos que Nohemí fue Ministra de Comunicaciones de Belisario Betancourt y mandó a censurar las transmisiones de lo que ocurría en el Palacio el día del holocausto.

Andrés ‘Carriel’ será recordado como el ministro que más duró en una cartera ministerial en la historia y también por ser el más incompetente. Ha dejado a Colombia como el peor país en infraestructura vial en América Latina (peor que Bolivia) desaprovechando los años de las ‘vacas gordas’. Y no olvidemos a Diego Palacio, ‘el Yidispolítico’, que el día de hoy ha tenido que valerse de decretos extraordinarios de emergencia social para tratar de remendar el paupérrimo sistema de salud colombiano y no hablemos de su incompetencia en generación de empleo. Y Oscar Iván, el que dijo que la economía colombiana estaba ‘blindada’ ante la crisis financiera mundial. Pareciera que la economía colombiana es incapaz de bajar las tasas de desempleo a un solo dígito. Pata terminar, la última estrella de la escena es la ministra de Comunicaciones María del Rosario que ha quedado en evidencia con la licitación del tercer canal, metiendo las narices donde la constitución no se lo permite, favoreciendo así al grupo de los ‘Santos’, quien sabe en medio de cuánto negociado.

Podemos seguir la lista con los que nos faltan (Andrés Fernández, el de los subsidios agrarios; Luis Guillermo Plata, el de las Zonas Francas para los hijitos de Uribe; Juan Manuel Santos, el de los ‘Falsos Positivos’; Sabas Pretelt, el otro ‘Yidispolítico’; Fabio Valencia, el del hermano ‘paraco’ y las trampas en el congreso; Fernando Londoño, el ladrón de INVERCOLSA; Fernando Araujo, el ‘ladrón de Chambacú’; etc, etc, etc… Tal vez las menos malas son las ministras de Cultura (la negrita) y la de educación, pues por lo menos no andan protagonizando escándalos. Uribe se empeña en mantener a sus ministros malos no sabemos si por esas cosa ‘Paisa’ que es la rosca, o por terquedad, o por molestar a sus críticos. En estos tiempos de final de año, y en los primeros seis meses del próximo, los medios volverán a presentarnos a los terroristas de las FARC como el ‘monstruo de las 7 cabezas’, las FARC que nuevamente arremeten y lo harán con más fuerza en el 2010. Allí los medios nuevamente nos señalarán a nuestro salvador, al único que puede acabarlos y disuadir la agresión Chavista en Colombia. Pero para ello necesitará otros cuatro añitos, tal vez ocho… ¿y de los escándalos de este gobierno, el más corrupto de la historia, qué dirán?

Por Banano


jueves, diciembre 17, 2009

Yo "botaría" a Uribe


1. ¿Cuál es el personaje más difícil de caricaturizar, y por qué?

El ministro del Interior Fabio Valencia, porque cada vez que lo voy a dibujar, su cara y su cuerpo han cambiado un poco: se transforma no en hombre-rana sino en hombre-sapo.

2. ¿Y el más fácil?

Uribe, porque llevo más de siete años dibujándolo casi a diario y me dará la oportunidad de seguirlo perfeccionando por cuatro u ocho años más.

3. ¿Le han reclamado o lo han amenazado por sus caricaturas?

Hace años me gané un vainazo desde el púlpito de una iglesia, donde dijeron que yo era el diablo por hacer una caricatura sobre los curas pederastas. Es que los curas no tienen cura.

4. Dicen que el presidente Uribe le da de comer porque es el blanco principal de sus caricaturas, ¿qué hará desde el año entrante si Uribe no sigue en el poder?

Amable corrección: Uribe no me da de comer. El paramilitarismo, la corrupción, las zonas francas, el Agro Ingreso Seguro, las 'chuzadas', la reelección, la encrucijada del alma, los 'falsos positivos', el Opus Dei, José Obdulio, la Casa de Nari y 'Job', entre otros, son los que me dan el material para mis caricaturas... Si Uribe gravita en ese mundo, pobre de él.

5. Si pasa el referendo, ¿cree que Uribe gana?

Claro que pasa, esa platica no se puede perder. Lo único que le falló a ese carro fue el pro...motor, que demostró ser un completo animal al financiar mal y de manera torcida y al redactar peor la pregunta del referendo. Y en cuanto a si Uribe gana, en este país tan atolondrado no lo dudaría ni un segundo. Lo dicen las encuestas, pero por favor no les crean a las encuestas.

6. ¿Votaría por Uribe?

Por supuesto que yo botaría a Uribe.

7. Entre todos los candidatos, ¿cuál cree que debería ser el presidente en 2010?

Creo que 'Uribito' es el más capacitado para ejercer la Presidencia. Según la predicción maya el mundo se acabará en 2012, y teniendo en cuenta que como ministro de Agricultura fue un desastre, como presidente será una hecatombe que nos evitará ver el Apocalipsis.

8. ¿Cuál es el personaje del año y por qué?

Coincido con Daniel Samper Ospina en que es la potranca que le cayó encima a Uribe, le jodió una pierna y le regó el tinto en la corbata (rara costumbre pues sería más fácil tomarlo en una mesa como todo el mundo). Ni Chávez con su verborrea le ha hecho morder el polvo a Uribe como ese insigne animal. Eso es verdadera oposición.

9. ¿Y el antipersonaje?

Mucha gente dirá que Chávez, que Piedad, que el Procurador quema-libros, que José Obdulio...Yo me quedo con Samuelito, que va a dejar a Bogotá hecha pedazos y al Polo Democrático muerto, y no de la risa.

10. ¿Sin escándalos como las 'chuzadas', los mal llamados 'falsos positivos', Agro Ingreso Seguro... qué haría?

Me convertiría al uribismo, leería con alegría a José Obdulio, pediría un subsidio agrario o, en su defecto, una notaría. Y ya siendo millonario no me preocuparía de nada. Fácil.

Tomado de la Revista Cambio

Edición No.859

martes, diciembre 15, 2009

Comentario sobre el artículo "Fobia a los intelectuales"

Señor Banano,

es curiosa esa forma tan natural con la que usted puede disociar dos clases de personas, los intelectuales y los pobres. No dudaría que la mayoría de los mal llamados intelectuales cuenta con condiciones socioeconómicas precarias. Sin embargo, ese no es el comentario que tengo para su artículo. Si usted realiza una revisión sobre los trabajos de investigación realizados desde la antropología y la sociología en Colombia (y en el mundo) podrá observar que parte de estos se dedican al problema político de la división INVESTIGADOR-SUJETO INVESTIGADO. De hecho, un movimiento colombiano muy importante critica (Investigación Acción Participante): fe ciega en el conocimiento académico como único lugar de producción de conocimiento y la subestimación e invalidación del conocimiento local.

El fin es reposicionar al tan inocentemente llamado SUJETO INVESTIGADO, y postularlo como una persona de conocimiento.

Dejando eso de lado, los problemas de los que se ocupan estas dos disciplinas específicamente (antropología y sociología y, en parte, la historia), no son teorías abstractas y alejadas de la realidad. Estas disciplinas tienen como fin entender los fenómenos sociales y culturales que suceden. Lejos de la realidad no están; otra cosa es que a muchos no les parezcan importantes sus problemáticas ya sea porque no están vinculadas con problemas de la política formal (porque en el fondo todo tiene siempre implicaciones políticas, sucede que no se reconocen siempre), o porque no tienen ninguna influencia en la economía global o el desarrollo nacional. Si usted hace una encuesta sobre los trabajos de grado de estudiantes de antropología probablemente se encuentre con que más de la mitad no trabajan con poblaciones indígenas. Ese 60 o 70% se ocupa de diversos temas, tales como de las formas en que se imaginan a los HOMBRES en el discurso paramilitar, o cómo los discursos presidenciales reflejan una imagen de nación, o las ideas y principios socioculturales que rigen las clases de educación sexual implementadas por el ministerio de educación, o las prácticas e imaginarios que se desprenden entre las personas que viven en San Agustín sobre las piezas arqueológicas de ese lugar.

Estas problemáticas pueden parecerle superfluas o interminables, pero la verdad es que están dando cuenta de cosas más profundas que ayudan a entender la realidad; pueden mostrarle como el conocimiento local que se tiene sobre un monumento arqueológico no se toma como real por las mismas personas que lo poseen; puede, además, ver que a pesar de estar deslegitimadas estas teorías que surgen a raíz, por dar un ejemplo, de San Agustín, sobreviven, y hacen parte de la vida cotidiana de las personas. Puede, además, si usted cuenta con un poco de ética, ayudarle a mostrar a la población lo que encontró, la diversidad de teorías que hay respecto de una cosa, y la validez de todas; puede, en el fondo, contribuir al autoconocimiento y a la transformación de prácticas, pero de ninguna forma, un estudio de esta índole puede provocar la transformación de la sociedad o generar el autoconocimiento.

Por eso encuentro un poco inocente esa separación entre intelectuales y realidad. Pretender cambiar la realidad a partir del conocimiento social siempre es bastante arriesgado, y si no, pregunte a los economistas y a los teóricos del desarrollo que, no siempre (y menos mal), hacen investigaciones sociales serias que puedan derivar en un cambio realista. Lo más que podemos hacer es entender, y mostrar aquello que entendimos, no como algo real y único, sino como una posible forma de explicar un fenómeno desde una disciplina social.

Por Oriana

Nota: Banano ha corregido algunos errores de puntuación del texto original sin cambiar el sentido del artículo.

Uribe: unidad nacional

No soy de los que cree mucho en las encuestas sobre política, pues nunca me han llamado a preguntarme por quién votaría o si apruebo a tal o cual gobierno. Los encuestadores hacen sus análisis basados en una muestra que pocas veces supera los dos mil encuestados y de allí sacan un promedio de lo que piensan los colombianos en general. No sabemos con qué criterios los encuestadores escogen sus objetos de estudio, si estos pertenecen a los mismos estratos, si solo se encuestan personas de las grandes ciudades, etc. Más allá de las reservas que me puedan provocar las firmas encuestadoras, que son empresas encargadas de prestar un servicio pagado por alguien con unos intereses, lo cual podría inclinar las formas de preguntar o de interpretar los datos para que la persona que paga por la encuesta no se vaya a sentir defraudada por un resultado que no le sea favorable, reconozcamos que el presidente Uribe, efectivamente, es tremendamente popular.

Eso ya lo sabíamos. Los colombianos (no todos) estamos pasando por un trance embelesador por la figura autoritaria y frentera del presidente. La posibilidad de que haya otra persona en el poder ha desaparecido de las cabecitas de los colombianos uribistas. Esto se debe a que el presidente ha sabido vender su imagen de salvador ante la "agresión terrorista de las FARC", el único capaz de enfrentarlos y de disuadir el "expansionismo chavista". Los colombianos no votaríamos en mayo del 2010 por unas políticas, por un modelo social y económico en el cual confíamos, sino por un hombre que se ha posado ante el país como una figura paternal que nos guía por los senderos correctos. ¿De dónde saco esta conclusión? Si los colombianos tuviéramos criterio político, ante una eventual imposibilidad de que Uribe sea candidato depositaríamos nuestra confianza en hombres como Juan Manuel Santos, Germán Vargas o, por qué no, Andrés Felipe Arias, que son los candidatos que dicen apoyar las políticas uribistas. Pero no es así. Según la encuesta, si Uribe no es candidato habría un empate entre Juan Manuel Santos y Gustavo Petro, seguidos muy de cerca por Sergio Fajardo y Rafael Pardo. Es decir, los votos de la oposición serían más de los que sacarían los candidatos uribistas.

Uribe es la figura que cohesiona el uribismo en torno a él mismo y no a sus políticas. El Uribismo sin Uribe no tiene sentido y él lo sabe, por eso se quiere reelegir y lo hará. Si no está al frente de su proyecto político, cualquier cosa puede pasar, incluso una victoria de la izquierda del Polo Democrático representada por Gustavo Petro. Y eso, para los uribistas, sería la "hecatombe".

Por Banano

domingo, diciembre 06, 2009

El Legado de Uribe

Normalmente es difícil ponerse de acuerdo con Fernando Londoño, pero su última columna contiene reflexiones que aquí también hemos auspiciado.

La discusión inverosímil sobre el referendo no puede mirarse como disputa de rabiosos litigantes que atiborran los juzgados con discusiones truculentas.

Es el legado de Uribe y su figura histórica lo que está en juego. La misma que, si las cosas siguen como van, el uribismo se apresta a deslustrar.

Pero, ¿cuál es el verdadero legado de Uribe?

La consecución de la seguridad es portentosa. Aun con los reveses que señaló Arco Iris en un estudio injustamente demonizado, no terminaremos de agradecerle a Uribe su política de seguridad democrática.

Pero este no es un legado para el futuro. Pocas veces las victorias militares con grupos internos conducen a la gloria. Los guerreros consagrados, lo han sido habitualmente contra enemigos externos. El caso de la guerra civil española es distinto: fue una conflagración integral. Una contienda civil generalizada. Dentro de 200 años, en los textos escolares de historia, poco se dirá sobre los éxitos de Uribe en este campo: apenas un renglón escueto.

La verdadera herencia que deja Uribe es que destruyó una visión vertical y anticuada de la política colombiana y configuró un escenario más contemporáneo.

Luego de las disputas del siglo 19, de la desaparición de la cuestión religiosa y de la Revolución en Marcha, los partidos entraron en un marasmo vertical, policlasista y tontarrón. La maquinaria dejó de ser un medio para conquistas mayores y se convirtió en un fin. Los partidos medraron en pequeñas escaramuzas bobaliconas y ambiguas. Tanto en el liberalismo como en el conservatismo, convivían sin pudor abusivos terratenientes, oficinistas con caspa, añejos líderes obreros ya sin overol, manzanillos de toda pelambre, jóvenes trepangos, mesocracia apolítica y amas de casa cuya aspiración era la visa americana. En fin, cualquiera.

Uribe modernizó la política porque la reorganizó de manera transversal. De un lado quedó una derecha que salió de la madriguera, ahora sin vergüenza, sin el carácter clandestino que tenía en los años 60. Allí se agruparon los que prefieren el orden sobre la libertad, el centralismo sobre la sospechosa provincia, los desarrollistas, sobre todo en la empresa agrícola (AIS) y en las exenciones a los empresarios, los enemigos a ultranza del aborto, los del aplazamiento del gustico, los que huelen a incienso conventual, los del no a las uniones gay, los que abominan de la tutela y prefieren el orden sagrado de una justicia que no decide nada, los que creen que, de verdad, el Presidente es el jefe del Estado. De todo el Estado. Allí se agruparon, bajo la batuta de Uribe, el Partido Conservador, la derecha liberal, algunos movimientos cristianos y el grueso del empresariado.

Y lo hizo de frente, sin jugar a las escondidas, bajo la máscara de movimientos nacionales u otros subterfugios.

Las discusiones de hoy son discusiones contemporáneas. Salimos de la patria boba.

Lo de lamentar es que este ha sido un tránsito demasiado agresivo. Uribe parece un paisa arrevolverado con peinilla en mano. Y por el lado de la oposición, tampoco se pierde puñalada.

Que siga la discusión. Pero que todos respeten las reglas de juego. Y que Uribe también aplace el gustico de la reelección.

Por Humberto de la Calle

viernes, noviembre 20, 2009

Caudillos ‘redux’

Faltan todavía varios meses para que las celebraciones del Bicentenario invadan la vida de los latinoamericanos, pero ya podemos anticiparnos a la sensación de fracaso que habrá de sentirse donde haya gente sensata.

No me refiero al fracaso de las celebraciones mismas: las celebraciones, puede uno suponer, serán un éxito. Las publicaciones que se hagan, las actividades culturales que se organicen, las previsibles manifestaciones de alegría colectiva que surjan por todas partes: todo eso saldrá muy bien. Pero alguien en algún momento tendrá que preguntarse si, teniendo en cuenta el momento actual de Latinoamérica, hay realmente algo que celebrar. ¿Adónde han llegado estas repúblicas nuestras en doscientos años de Independencia? Echen una mirada por la ventana y asústense: a Colombia y a Venezuela, los dos países que celebrarán con más intensidad, el Bicentenario los sorprende en el peor momento político de la historia. Nacidos hace doscientos años de la mano de ciertos caudillos, los dos están hoy sumidos de nuevo en el caudillismo: en eso, por lo menos, es como si nuestros países no se hubieran bajado en dos siglos de la bicicleta estática.

El caudillo, por supuesto, es nuestro producto más original: “La contribución más importante de América Latina a la ciencia política”, decía un periódico de Nueva York hace unos meses. Y para ser fieles a la tradición, nuestros dos países le dan la bienvenida al aniversario sumidos en una crisis caudillista que no se veía desde que Bolívar se disputaba con otros el liderazgo de estas repúblicas recién paridas. ¿En qué han cambiado las cosas desde la Independencia? Los caudillos de hace doscientos años eran aristócratas en su mayoría; los de ahora, el caballista de aquí y el chafarote de al lado, tienen todos los defectos de la caudillista aristocracia criolla y ninguna de sus virtudes. El mesianismo, el culto a la personalidad, el pisoteo sin complejos de la Constitución, la deliberada difuminación de las fronteras entre el líder y el Estado, la polarización intencional de sus sociedades, la criminalización de toda forma de disenso, el convencimiento de que no hay futuro en su ausencia, la manipulación de los sentimientos patrióticos: ¿suena familiar?

El de al lado ya modificó la Constitución para permitirse la reelección indefinida, e incluso anunció su intención de quedarse en el poder hasta 2021 o 2030 (se ve que está indeciso). El de aquí ha llegado a extremos inusuales para permitirse la segunda reelección, pero no tengo que señalarlos. Allá se compiló la infame Lista Tascón, un inventario de los votantes del referendo antichavista del 2004 que le ha servido al Gobierno para vengarse de mil maneras de la oposición. Aquí se graba ilegalmente a magistrados y periodistas. Ibsen Martínez me recordó el otro día lo que dijo el de allá durante la campaña de 2008: “Yo soy el único venezolano capaz de gobernar a Venezuela”. Y también: “Soy lo único que se interpone entre la paz y la guerra civil”. El de acá ha sido un poco más ambiguo: ya recuerdan ustedes la doctrina de la Hecatombe, célebre en el ámbito del Derecho Constitucional.

El Bicentenario debería darnos la oportunidad de escoger si queremos bajarnos de la bicicleta estática. O si queremos seguir así, pedaleando de la misma forma, doscientos años más.

Por Juan Gabriel Vásquez

lunes, noviembre 16, 2009

De por qué no me importa si hay guerra con Venezuela

Sé que no es fácil reconocerlo, pero voy a tomar impulso: la verdad sea dicha, no me parece tan grave que haya guerra con Venezuela. No me parece preocupante, de verdad. ¿Qué puede dañar un misil si cae por acá? ¿La Caracas? ¿El Monumento de los Héroes? ¿Mesitas del Colegio? Seamos francos: nadie notaría si cae una bomba en la autopista norte: desde hace 35 años está como si le hubiera caído la bomba atómica.

Sin embargo, cada vez que en una conversación aflora este nacionalismo hostigante que tanto ha promovido el presidente Uribe, frunzo el ceño, como si de verdad me importara lo que fuera a pasar. Bien: no puedo más. Sea éste el momento de confesar que no me importa, y que además no me aguanto el orgullo patrio que se ha exacerbado por culpa de las amenazas de Chávez: no me aguanto esta moda de pulseritas tricolores, no soporto a un funcionario más entonando el himno nacional con la mano en el pecho, no me mamo la proliferación de un montón de fundaciones que uno ya no sabe si son campañas de promoción turística o partidos uribistas de esos en los que todo el mundo termina preso: Colombia es Pasión, Primero Colombia, Vive Colombia.

Digámonos la verdad: en términos generales, Colombia es un país de irresponsables. Pongo por caso el del presidente Uribe, Samuel Moreno y toda esa comparsa delirante que fue a pedir la sede de los juegos panamericanos: ¿dónde querían hacer esos juegos? ¿En El Campincito? ¿En la cancha del Gimnasio Moderno? ¿Dónde pensaban hacer las carreras de natación, las competencias de clavados? El único lugar que se me ocurre es la calle 26, cuando se inunda, porque en el Aquapark de la 68 cada estafilococo es del tamaño de un sapo, y en Colombia los sapos son grandes: el más chiquito es Rodrigo Rivera, para que calculen.

Lo increíble es que sacamos siete votos: ¿quiénes fueron esos descarados? ¿Ya revisaron el listado de Agro Ingreso Seguro a ver si aparecen de beneficiarios?

Esto no lo puede saber nadie, pero no me siento especialmente orgulloso de ser colombiano. Creo con humildad que hay mejores países: países en los que Poncho no sale en todas las sociales, Marlon Becerra no tiene un programa de entrevistas y el Presidente no es un ganadero intenso. Nunca he entendido a los que dicen que lo mejor de Colombia es su gente. ¿Quiénes, concretamente? ¿Marcelo Cezán? ¿Fernando Londoño? ¿El 'Profe' Vélez? Vayan diciendo quiénes, porque si no cualquiera cree que estamos así es por las cordilleras, por el cielo, por los mares: no porque el colombiano promedio se cuela en las filas, se baja dos mantecadas con un masato a las 9 de la mañana y es capaz de votar nuevamente por Uribe porque le parece frentero y macho.

Tengo varias razones para ser inmune al mínimo brote de orgullo nacionalista, pero digo apenas las que surgieron esta semana: el senador Petro se hace la vasectomía después, y no antes, de tener seis hijos; según un estudio, el 52 por ciento de la población es obesa; uno de ellos, el Ministro de Agricultura, dice que si el programa AIS era para buscar beneficios políticos, el Presidente lo debería echar por bruto.

Pues claro que lo debería echar por bruto. Y por miserable. Pero estamos en Colombia, un lugar en el que el galán de telenovelas más famoso, novio de la colombiana más bonita, se llama Lincoln Palomeque: lleva por nombre el apellido de un Presidente americano, que es como si un actor gringo triunfara llamándose Betancur Johnson.

Ahora bien: debo confesar algo aun más grave y es que Chávez no me cae tan mal. Al revés: me cae bien. Chávez, Evo, Correa: todos ellos son los únicos que me hacen reír cuando estoy triste. La gente celebra los 40 años de Plaza Sésamo, pero no se han dado cuenta de esta divertida sociedad de amigos que también hace las delicias de los niños. Deberían sacar una serie animada con todos ellos. Hace meses mis hijas ya no ven Discovery Kids sino Telesur: aplauden cuando sale Fidel en sudadera, se enternecen cuando aparece Correa con sus clergyman andinos, se asustan con Ortega y sus pintas de escolta en festivo y, al igual que le sucede a Jaime Bayly, se desternillan de la risa cuando habla Evo: ¿han oído hablar a Evo? Desarrolló una divertida variante del español que les encanta a mis hijas.

Pero el que más les gusta es Chávez porque canta, habla de su digestión, grita arengas y se pone rojo. En eso es superior al presidente Uribe, pese a que éste ha tenido grandes momentos también, como cuando chapoteaba en los ríos o se ponía un frac tres tallas más grande que la suya.

Soy pacifista. Invito respetuosamente a los dos presidentes a que cada uno acabe con su respectivo país, como han venido haciéndolo con gran éxito, para evitar la fatiga de destruir el del otro. Es más barato y más efectivo. Que sigan cambiando la Constitución, eternizándose en el poder, haciendo populismo.

Pero si los tienta la guerra, adelante. Tampoco es que se pierdan grandes joyas arquitectónicas. En ninguno de los dos países queda Estambul; Roma no es la capital de ninguno. De por medio sólo hay platanales, discos de Ricardo Montaner y cuadros de Gordillo.

De modo que adelante. Y perdonen la crudeza de esta confesión; pero necesitaba contárselo a alguien.

Por Daniel Samper Pizano

viernes, noviembre 13, 2009

24 años de la tragedia de Armero

miércoles, noviembre 11, 2009

Las contradicciones del conflicto armado

En reciente comunicado divulgado por la Agencia de Noticias ANNCOL, el Estado Mayor de las FARC hizo un llamado a los militares “de honor” para que rechazaran el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos. Más allá de la retahíla característica de las FARC cargada de patrioterismo, mamertismo y resentimiento, lo impresionante fue la cuasi identificación con su enemigo hasta el punto de llamarlo “honorable adversario”. Sin duda es un cambio en el lenguaje motivado tal vez por la desesperación de las FARC en ganar adeptos dentro de las mismas fuerzas militares ante la inminencia de la llegada de tropas norteamericanas que sabemos no vendrán de vacaciones. Las figuras retóricas, las alusiones al Libertados Simón Bolívar y todos los artilugios de un discurso que puede llegar a ser poético por sus aspiraciones utópicas y referencias al honor militar queda destrozado tres días después de su publicación con el ataque a la estación militar de Corinto, municipio del departamento del Cauca. El comunicado raya en el patetismo e invita a los militares a “forjar la resistencia patriótica… Ejército patriota, guerrilla bolivariana y pueblo movilizado”.

El comunicado de las FARC termina con un reto a los hombres de las fuerzas militares al invitarlos a construir una “Colombia Nueva” y ofreciendo sus buenos oficios “para defender la soberanía patria”. El ataque artero y cobarde a la estación militar de Corinto lanzando rockets a unos jóvenes que no estaban posicionados para el combate no es una muestra muy incuestionable del honor guerrillero y el respeto por el adversario. Esperemos que la degradación del conflicto no acentúe el discurso hipócrita de los actores armados y sus comandantes en jefe, discurso que crea esperanzas con sus líricas corínticas por un lado, mientras que los actos sucios de guerra desvirtúan lo dicho.

Por Banano

jueves, noviembre 05, 2009

Atornillados Seguros!!

Por segunda vez consecutiva se aplaza la votación en el congreso que definirá la moción de censura en contra del Ministro de Agricultura Fernández. Me niego a creer que el uribismo busca ganar tiempo y que con la complicidad de Cáceres, Presidente del Senado, están dilatando la inminente moción de censura al ministro. Ya sabemos que Colombia es un platanal en el que un escándalo tapa el anterior, en el que pasa de todo y no pasa nada. Quizás se están dejando enfriar las cosas y ganar algo de tiempo para preparar una defensa contundente en el Congreso ante los ataques vehementes hechos por la oposición al programa de Agro Ingreso Seguro. Lo mejor que puede hacer Fernández es quedarse callado y renunciar, pues cada vez que ha abierto su boca para defender el cuestionado programa sólo ha empeorado su situación. Mientras tanto, Andrés Felipe Arias quien debería estar en el banquillo de los acusados, sigue en campaña y defendiendo con su cinismo y prepotencia que lo caracteriza el programa del cual él fue artífice.

En los siete años y tres meses de gobierno del presidente Uribe ha habido innumerables escándalos y no voy a hacer un inventario de ellos. Cualquier persona medianamente informada de lo que pasa en nuestro país podrá darme la razón. Sin embargo, y retomando una idea planteada por Alejandro Gaviria en su columna de El Espectador del pasado domingo, los Ministros del gabinete presidencial jamás estuvieron tan atornillados a sus puestos como lo están los del gobierno Uribe. Recuerda Gaviria que “en los seis gobiernos previos al actual, entre 1978 y 2002, el período promedio de un ministro de Agricultura fue de apenas quince meses. En contraste, Andrés Felipe Arias estuvo en su cargo cuatro años y dos días, un registro sólo superado por Francisco José Chaux, quien estuvo al frente de la cartera de Agricultura por cuatro años y doce días entre 1934 y 1938”.

El escándalo de Agro Ingreso Seguro puede ser el que más afectación popular haya producido al gobierno, incluso por encima de los Falsos Positivos. Esto se debe a que a nadie le gusta que se metan con su bolsillo y los colombianos no ven con buenos ojos que los dineros de sus impuestos se utilicen para pagar favores o regalarlos a familias poderosas del campo. ¿No será un buen momento para que el presidente Uribe reflexione sobre el costo político de mantener a Fernández al frente del ministerio? ¿Acaso no es esta la posibilidad de un cambio en el gabinete que de la sensación de que el gobierno aplica las responsabilidades políticas cuando se cometen errores?

Por Banano.